Los compañeros de El Mundo publicaban un artículo que no tiene desperdicio. En él criticaban la tecnología cuyo uso es, cuanto menos, dudoso. Entre los mucho ejemplos que existen de este tipo de tecnología, los compañeros de El Mundo y de Bloomberg, decidieron escribir sobre Juicero. Se trata de un caro exprimidor de zumo que no sirve para mucho.

Juicero es un exprimidor de alta tecnología que cuesta 400 dólares (380 euros), que ha estado tres años en desarrollo y que ha quemado cerca de 120 millones de dólares en capital riesgo. Todo esto para que, a la hora de la verdad, no exprima fruta y funcione con unos paquetes de ‘fruta fresca’ que se pueden exprimir a mano obteniendo un ‘zumo’ prácticamente igual de bueno que con la máquina en sí.

Como cabría esperar de semejante suma de factores, muchos usuarios están cabreados, los inversores están alucinados y su CEO, Doug Evans, que en su día no tuvo problemas para denominarse el “Steve Jobs de los exprimidores de zumos“, no sabe dónde meterse.

Es una historia que lleva bastante tiempo fraguándose y que sólo podía acabar en tragedia, para regocijo de muchos periodistas tecnológicos.Bloomberg ha sido la que ha colmado el vaso al exponer detalladamente y en todo detalle el absurdo detrás de lo que se ha denominado un ejemplo delo ridículo que puede ser el emprendimiento en Silicon Valley.

Evans asegura que su máquina sería capaz de levantar dos Teslas con la inmensa presión (de cuatro toneladas) que ejerce a la hora de exprimir las bolsas de fruta triturada con las que funciona Juicero. El cuerpo humano debe ser, pues, mucho más poderoso de lo que imaginamos si, como múltiples vídeos y blogs han demostrado, se obtiene el mismo resultado apretando las bolsas con las dos manos. Y más rápido que la propia máquina.

El exprimidor, según el CEO, es imprescindible pese a este hecho: permite saber si algo ha caducado (aunque el sobre tiene fuera la fecha de caducidad) y ayuda a hacer pedidos automáticamente cuando se van acabando las bolsas de fruta. Sin el exprimidor, dice, la experiencia completa y segura no está garantizada.

Aún así, estos hechos han puesto en duda muchas de las promesas de la compañía tras Juicero, que tenía pensado obtener más beneficios de la venta de estas bolsas de fruta fresca, que aguantan hasta 8 días y que se envían semana a semana a los consumidores que, tras pagar 400 dólares por la máquina (que en un principio iba a costar 700 dólares, o unos 650 euros), deben pagar una suscripción para recibirlos. Y no, no puedes acceder a ellos si no tienes el exprimidor.

¿Quiénes pusieron el dinero para perseguir este objetivo? Fondos riesgo como Kleiner Perkins Claufield y Beyrs o empresas tan importantes como Alphabet, esto es, la matriz de Google. Para sus inversores, Juicero era una especie de Nespresso de los zumos, y por eso vieron su modelo de negocio bastante prometedor.

Cuando algunos de estos inversores descubrieron, hace ya dos años, que las bolsas se exprimían bien con las manos y que el tamaño del exprimidor era mucho mayor al planificado, la cosa empezó a ponerse fea. Aún así, muchos de ellos siguen confiando en que será un éxito.

La relación de la tecnología con la comida está en un punto interesante. Al margen de las muchas apps y accesorios que se pueden usar para contar calorías e intentar llevar un estilo de vida más sana, muchas empresas están apostando por cambiar la forma en que se cocina o se ingieren alimentos.

El ejemplo más potente, quizá, es Soylent, una startup que ha creado un batido que, según su CEO, tiene todo lo necesario para sustituir a la comida tradicional y ahorrar tiempo y dinero. Otra cosa es su aspecto, su sabor y que un error con uno de los componentes dio problemas gástricos a los usuarios que están participando en los ensayos.

El caso de Juicero, sin embargo, está más cerca del de Nespresso, una cafetera con cápsulas que poco tiene que ver con la alta tecnología y que es más una forma distinta de preparar café que una revolución en el consumo de nutrientes.