El mundo entero se ha paralizado ante la presentación de los nuevos smartphones de Apple. Aunque no son smartphones, o teléfonos, son iPhones. De los modelos que presentó hay uno que llama poderosamente la atención sobre los otros. Sí, hablamos del iPhone X, un terminal con un precio superior a los 1.000 euros. ¿Merece la pena? Los compañeros de El Mundo lo han analizado.

No representa un cambio tan grande con respecto al 8 Plus. Mismo procesador y muchas de las mismas características como la resistencia al agua y la carga inalámbrica. Doble cámara también aunque en el caso del iPhone X las dos cuentan con estabilizador y la cámara de telefoto tiene una apertura mayor. Es, en definitiva, un dispositivo algo mejor a la hora de hacer fotografías.

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Lo que sí cambia es la sensación en la mano y la pantalla OLED, que es fantástica. Tiene una dimensiones de 5,8 pulgadas pero en un cuerpo nos mucho mayor que el del iPhone 8. Es muy cómodo en la mano y el tamaño más compacto hace que sea más fácil llegar a todas las esquinas de la pantalla, salvando algún caso extremo.

El color y el contraste sorprenden, aunque cualquiera que haya visto una buena pantalla OLED, como la que equipan los Galaxy S de Samsung en las últimas generaciones, ya sabe lo que esperar. Las imágenes parecen más “vivas” y tienen una textura diferente a la que se consigue con pantallas LCD.

No es el único teléfono que apuesta este año por una pantalla hasta el borde pero sí uno de los más ambiciosos. En el X todo es OLED salvo una pequeña pestaña en la parte superior. Apple ha decidido aprovechar los lados de esa pestaña para expandir el área de visualización y queda un poco extraño a la hora de ver un vídeo o una foto. Difícil saber si será cuestión de acostumbrarse o si las aplicaciones terminarán por dejar ese área -donde suelen estar los iconos de carga y conexión- en negro.

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La desaparición del botón de home y el sensor de huellas dactilares fuerza también un cambio en la interfaz. Ahora para ir a la página principal, con todas las apps, hay que deslizar del dedo desde abajo hacia arriba (el mismo gesto que se usa hoy para activar el centro de control). Cuesta un poco acostumbrarse pero es un gesto natural y a los pocos minutos parece la forma más lógica de manejar iOS.

Sin huella dactilar, Apple ha optado por el reconocimiento facial como medio de protección en el iPhone X. La identificación es rápida y parece contar con las garantías de seguridad necesarias, pero es uno de los aspectos que va a ser necesario probar en profundidad antes de valorar si supone un paso en la dirección correcta.

Con los sensores adicionales para el reconocimiento facial, Apple consigue otros trucos de esos que consiguen vender teléfonos. Los nuevos emojis animados que copian las expresiones del usuario, por ejemplo, son divertidísimos. Aplicaciones como Snapchat o Instagram también pueden crear filtros para selfies mucho más realistas y que se adaptan mejor a la cara.

En general es un gran iPhone. Posiblemente el mejor que ha salido de los laboratorios de Apple en los últimos años y digno de ser considerado como un punto y aparte en la evolución de la gama. Es algo más caro también que el resto. Costará 1.159 euros en su versión de 64 GB. Para muchos, un iPhone 8 u 8 Plus será posiblemente una opción más sensata.